Me cuesta hablar bien: el arte de preguntar

Hoy hablamos de las habilidades comunicativas, fundamentales para tejer relaciones con las demás personas. Entre todas las habilidades de comunicación, nos fijaremos en el arte de preguntar, ya que no siempre es fácil atrevernos a hacer las preguntas que llevamos dentro y conseguir que nuestro interlocutor nos responda.

Preguntar es una forma de conectar con la visión de la otra persona. Si quieres mejorar en tu comunicación, resulta imprescindible ser capaz de entablar conversaciones con las demás personas y el arte de preguntar es una habilidad que vas a tener que poner en juego. Fíjate que el objetivo de las preguntas puede ser obtener información (cuando pregunto porque me falta algún dato), despertar el interés (tengo curiosidad sobre un aspecto), adquirir conciencia (entender algo mejor), facilitar en enfoque (chequear que estamos entendiendo lo mismo), mantener la concentración de un tema (confirmar que estamos en la misma página), posibilitar nuevas formas de pensar o descubrir nuevas maneras de hacer. Hacer preguntas es un recurso con el que cuentas para obtener información, clarificar y conectar con las demás personas.

Una regla básica en este arte es no presuponer, o lo que es lo mismo, no dar nada por sentado. Muchas veces los problemas de comunicación parten de supuestos que han entrado en juego en medio de una conversación. Imagino que te habrá sucedido con anterioridad, son aquellas situaciones en las que te encuentras diciendo algo tipo "creía que...", "pensé que...", "entendí que...". La base de estos malos entendidos a menudo se encuentra en la falta de chequeo, en dar cosas por supuesto. Abandona esta práctica y atrévete a preguntar cuando tengas la menor duda o consideres que algo no está del todo claro.

Apuesta por las preguntas abiertas. Hay dos tipos de preguntas, las abiertas y las cerradas. Estas últimas son aquellas que podemos responder con un simple "no" o "si". Por ejemplo, ¿va todo bien?. Lo más probable es que la persona nos responda con un escueto "si" aunque se corresponda con la realidad. Las preguntas abiertas son aquellas que van más allá del "sí" o del "no", son las que permiten más detalles. Siguiendo con el mismo ejemplo, ¿cómo te has levantado hoy?.

Ante una generalización, especifica. Esta es una buena recomendación. Te lo voy a mostrar con otro ejemplo: te acabas de encontrar con una amiga y te cuenta que ha tenido una discusión en el trabajo. Termina diciendote algo tipo "no puedo más". En este caso, invitale a que concrete: ¿no puedes con tu jefe?. Con este recurso, además de obterner más información, facilitarás que la otra persona se de cuenta y ponga límites a lo que le sucede. No es que no le guste su trabajo, es que no se lleva bien con su jefe.

Para preguntar, es necesario escuchar. Imagina que estás en una conversación, la otra persona te acaba de responder a una pregunta tuya anterior. Y vas tu y vuelves a preguntarle lo mismo. Puede ser que te hayas despistado y no hayas prestado la atención necesaria. No escuchar las respuestas hará que pierdas credibilidad ante tu interlocutor así que enfocate bien en la conversación, practica la escucha activa.

Comunicación verbal y no verbal. En el arte de preguntar y de la escucha activa, no te olvides del cuerpo, de prestar atención al lenguaje corporal de tu interlocutor. Ganarás en eficacia. Observa los gestos. Si detectas una incongruencia entre las palabras y el lenguaje corporal, es más probable que sea este último el que demuestre los verdaderos sentimientos.

Y para terminar, ponle freno a los bloqueos a la escucha. Existen 12 palancas que pueden entrar en juego de forma inconsciente cuando entablamos una conversación. Fíjate si alguna de ellas crees que estaría actuando:

  • Compararme con el interlocutor: “Lo mío es más complicado”
  • Ensayar la respuesta: "En caso de que me responda esto, yo rebatiré con eso".
  • Juzgar: "A esta persona le sucede esto porque no lo está haciendo bien".
  • Leer el pensamiento: “Esta persona no me dice lo que veraderamente piensa”.
  • Filtrar expectativas: Sólo escucho aquello en lo que estamos de acuerdo, que cuadra conmigo.
  • Discutir: Escucho para responder, para rebatir.
  • Presuponer: "Yo tengo razón y no me van a pillar".
  • Cambiar de tema: Cuando hago cambios de tema inesperados.
  • Quiero que me apruebe: No digo lo que verdaderamente pienso porque es más importante su reconocimiento.
  • Soñar: Me desconecto de la conversación porque algo se ha activdado en mi.
  • Identificarme: Relaciono lo que me dicen con mi experiencia pasada.
  • Aconsejar: Asumo un rol de buscar soluciones y aunque no me lo pidan, doy consejos.

Te invito a que te detengas en estos elementos y te preguntes cómo está tu capacidad de escucha y cómo te manejas en el arte de preguntar. Cuenta conmigo si crees que el coaching te puede ayudar.

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