¿Tienes que presentar un trabajo final o hacer una presentación?

Con el final de curso se acerca uno de los momentos más temidos para muchas personas. Me refiero al reto de presentar un trabajo final de grado o de master e, incluso, defender la tesis doctoral. Y es que hacer una presentación, sea en el marco académico o no, va más allá de organizar unos determinados conocimientos y limitarse a presentarlos. Este es solo uno de los requisitos mínimos.

Una buena preparación técnica es fundamental, es decir, debes conocer en profundidad el tema del que vas a hablar. Seguro que has tenido a algún profesor o profesora que, a pesar de ser poco comunicativo, logró captar tu atención gracias al conocimiento en profundidad que tenía del tema. Pues bien, imagina cómo hubiera sido si, además de tener todo este conocimiento, hubiera sido capaz de comunicar de forma excelente. Ahora te invito a preguntarte: ¿quieres sencillamente presentar unas diapositivas o prefieres captar la atención de quienes te escuchan para transmitir tus ideas?

Si eliges la segunda opción, voy a darte algunas recomendaciones. Antes déjame decirte que si tienes miedo a hablar en público, puedes superarlo. Con trabajo y dedicación, puedes dejar atrás ese sudor frío que resulta bloqueante. Los consejos que aquí voy a darte son meramente formales, en futuros posts hablaremos sobre el trabajo que puedes hacer para superar el miedo.

No hay comunicación sin empatía

Habitualmente las formaciones para hablar en público prestan mucha atención al orador, es decir, se concentran en el papel de la persona que habla y le ofrecen múltiples herramientas. Todas ellas son útiles e importantes, aquí te las iré mostrando. Pero antes de empezar, déjame hablarte sobre la empatía. Comunicar eficazmente no solo va del "yo", del que habla, sino de ser capaz de escuchar al "tu", a tu audiencia.

La persona que comunica eficazmente presta atención al feedback de su audiencia y se adapta cambiando las estrategias que no funcionan. Te pongo un ejemplo: preparas una presentación magnífica, con mucha fotografía e ilustraciones. Todos los detalles están medidos y cuidados previamente, la has ensayado miles de veces. Empiezas tu presentación y descubres que tu audiencia no deja de levantar la mano, hacer preguntas y comentar. El tiempo se te va. Tu tenías una estructura para tu presentación pero tanta preguntas te están desmontando tu estructura mental. Ante esta situación, la persona con habilidades de comunicación es capaz de adaptar su estrategia. Probablemente lo más asertivo sea olvidarse del pase de las diapositivas para promover el diálogo y asegurar la transmisión de las ideas.

Como indica el experto en PNL Vincenzo Fanelli, "el formador eficaz suele prestar atención al feedback de su audiencia y adaptarse a ella en tiempo real. Tiene claros sus objetivos, pero al mismo tiempo es capaz de cambiar las estrategias que no funcionan. Si se da cuenta de que una determinada idea provoca una caída en el nivel de atención o de que su manera de exponer no es eficaz, cambia su plan de acción e improvisa una nueva estrategia". Como decíamos, comunicar va de algo más que transmitir conocimiento, va de realmente hacer llegar enseñanzas y para ello es importante tener en cuenta los aspectos emocionales.

Rompe esquemas

Te invito ahora a pensar en alguna presentación que realmente hayas disfrutado. Piensa en el orador, en la persona que estaba hablando. ¿Qué recuerdas? Es probable que entre las muchas cosas positivas que hizo esa persona estuviera el provocarte una sonrisa. Ha quedado lejos el dicho "la letra con sangre entra"... Mucho han cambiado las cosas, por suerte. Ahora nos sentimos más comodos cuando una persona sonríe, de hecho, incrementa nuestra empatía. La sonrisa es poderosa, úsala para comunicar con eficacia.

Una seriedad excesiva pone en peligro el aprendizaje, genera una distancia que no contribuye a generar empatía. Tampoco en las presentaciones de TFM o de tesis. El entorno académico es serio, por supuesto, pero la seriedad no es incompatible con la sonrisa.

Facilita los descansos

Si tienes que hacer una presentación larga, planifica los descansos. La idea es que nunca superes la hora y media de exposición, porque la concentración de la audiencia tiende a caer. Introduce pequeñas pausas pero sobre todo, recurre al feedback. Si detectas que tu audiencia da muestras de cansancio, improvisa una pausa. Es más aconsejable introducir un descanso que tener a una audiencia ausente.

Pon ejemplos para todos

Cuando tenemos una audiencia amplia, con diferentes perfiles, lo mejor es no dar nada por sentado y ejemplificar todo lo que decimos. Este consejo tambien es útil cuando presentamos temas muy técnicos. Poner ejemplos nos ayudará también a mantener el nivel de atención. Lo habitual es emplearlos al inicio de la presentación, para captar la atención; en la parte central, para mantenerla; y hacia el final, para crear un anclaje positivo.

En sucesivos posts te iré contando cómo brillar en tu presentación o cuando tengas que hablar en público. Como siempre, no hay recetas milagrosas y requiere de trabajo, ensayo y perseverancia. La buena noticia es que comunicar con eficacia se puede entrenar.

Si crees que el coaching o la formación en habilidades de comunicación te pueden ayudar para hacer presentaciones o hablar en público, cuenta conmigo.

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¿Tomamos un café y hablamos?

Estoy a tu disposición. Sin duda, mejor hablar de todos estos temas en persona. Será un placer escucharte.